Hay Un Amor Que Es Para Siempre: El Amor Propio


El amor propio es una de las primeras claves que te permitirán formar frutos de los que te sientas orgulloso.

Disfrutar del trabajo, de las pequeñas cosas y de esos momentos diarios te será más sencillo de hacer si aprendes a quererte bien.

En este sentido, solo hay un amor que es para el resto de tu vida: el que te tengas.

¿Sabías que la falta de amor propio alimenta los miedos? ¿Te has detenido a pensar en la cantidad de cosas que dependen solo de que te ames a ti mismo?

¿Y qué piensas de la dependencia emocional a la que te somete?

No amarse a uno mismo implica asumir una cantidad enorme de riesgos; lo que puede hacer de la existencia algo aterrador. Es decir, no conocerte ni aceptarte ni respetarte origina que vivas incómodo y que no disfrutes de la vida.

Por eso, recuerda estas palabras cada vez que necesites fomentar el amor propio:

Cuando me amé de verdad comprendí que, en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto, en la hora correcta y en el momento exacto y, entonces, pude relajarme.

Si deseas el amor verdadero, primero aprende a amarte

Nadie tiene la responsabilidad de completar lo que te falta. 

De hecho, te corresponde a ti encontrarte y actuar conforme a lo que sientes.

Así que procura revelar los valores que tienes, además de trabajar por escuchar y fomentar la autoestima.

Solo de esta manera generamos relaciones saludables a través de las cuales lograrás ser una persona que ama de verdad y que es amada sin dependencias. Es decir, solo si te quieres y te valoras podrás crear una unión vigorosa que no someta y que no sea sometida.

No es fácil aprender a amarse. De hecho, se suele comenzar a hacerlo cuando algo te lastima profundamente.

Así, lo habitual es que durante años maltrates al “yo” interior; boicoteando sin piedad practicando cuatro hábitos que rebajan la capacidad de quererte:

Dar crédito a lo que piensan o dicen los demás

Lo que piensen los demás de ti es su historia, no la tuya.

Las personas caemos en el error de mirar hacia la dirección que nos sugieren los demás.

Victimizarte

Cuando uno pasa por dificultades, tiende a sentir lástima de mismo. Esto, sin duda, hace que te resignes y pienses que no puedes hacer nada para arreglar lo que sucede.

Si dejas de lamentarte y empiezas a buscar soluciones, es probable que encuentres una oportunidad de hacerle frente a lo que viene.

Exigirte más de la cuenta

Cuando uno se quiere poco, tiende a ver la vida a través de modelos ideales.

Descalificarte

Hablarte mal a ti mismo es otra manera más de auto sabotearte.

No te atrapes en ese tipo de mensajes, no los uses para excusarte.

Lo importante es saber quién eres y cómo has llegado hasta aquí, para lo cual solo tienes que mirar en cuatro direcciones: 

Hacia adelante para saber a dónde te diriges.

Detrás para recordar de dónde vienes.

Debajo para no pisar a nadie.

Y a los costados para saber quién te acompaña y cuida.

No obstante, si tú solo no te ves capaz de conseguir este objetivo; no dudes en acudir a un especialista. 

Cada día que pasa es una oportunidad única para aprender a quererte más y mejor.

(Photo: Getty Images)